Hola hipóxicos!!!

Hoy compartimos el testimonio de Raquel, una tripulante de Vueling base BCN que ha volado un par de veces durante la pandemia provocada por el Covid19.
Esperemos que a partir de ahora el panorama vaya mejorando paulatinamente y pronto las tripulaciones podamos volver a la normalidad.

Tristeza, es el sentimiento que mejor describe a las personas que formamos parte de la vida aeroportuaria. Ilusión, es el sentimiento cuando llega el único día del mes (con suerte) que te toca volar. Y es que realmente son muchos sentimientos encontrados. Aeropuertos vacíos de
gente corriendo para no perder sus vuelos, sin pasajeros parandote para preguntar
desubicados, tiendas y restaurantes cerrados… Es lo más parecido a un desierto.

Te sientes extraño caminando solo por las pocas zonas que no están vetadas. Ver todos los aviones parados con los motores tapados y no oír ni ver como aterrizan ni despegan. Parece que hace años del momento en el que entrabas en la sala de firmas alzando la voz diciendo cuales eran
tus destinos y buscar tu tripulación entre tanta multitud. Y es que ahora entras y sólo ves a tu tripulación y el material, como son las mascarillas y los guantes, proporcionado para un vuelo seguro.

En tiempos de Covid, solamente he volado dos veces, en abril un MAH con 24pax de
ida y 4 de vuelta y en mayo, un SVQ con 34 pax de ida y 24 de vuelta. Ambas rutas con poco pasaje. Por lo general, la gente es muy agradecida con la tripulación, aunque siempre hay alguna excepción pero por suerte son pocos casos. El uso de la mascarilla, indispensable por los tiempos en los que vivimos, hace, que por ejemplo en mi caso, a veces haya falta de entendimiento en el habla. Es algo que creo que muchos tardaremos en acostumbrarnos.
Igual de costoso es ver el AFT sin Trolleys ni SU’s. Se hace extraño no salir a cabina a
embarcar, ni durante el vuelo pasar servicio…

Todo es adaptarse a las circunstancias
excepcionales, pero va a haber una cosa que no va a cambiar, y es la sonrisa bajo la mascarilla con la que damos la bienvenida y la despedida al pasaje.

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Por Andrea Enríquez

Me llamo Andrea, nací en Santiago de Compostela en el último año capicúa de los 90. La primera vez que me subí a un avión fue como UM con 6 años, desde entonces no me he vuelto a bajar. Publicista desde 2013 y tripulante de cabina desde 2015.

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