¡Hola hipóxicos! Como sabéis agosto va llegando a su fin; el mes vacacional por excelencia a este lado del mundo, Europa.


El mes de descanso de cientos de miles de personas que vienen y van para disfrutar de sus vacaciones conociendo una capital, descansando en la playa o haciendo una escapada a la montaña.
El mes de desconexión y reencuentros con amigos y familiares. El mes en el que ralentizamos nuestro ritmo de vida; el momento de las sobremesas infinitas, de atardeceres en la playa, de andar descalzo por la arena y simplemente disfrutando del horizonte. En definitiva, el mes sin preocupaciones para los que lo eligen para desconectar.


Pero todo esto era antes. Lo que estamos viviendo ahora -en la “nueva normalidad”- en el aeropuerto es lo antagónico a lo que sería lo usual, poco ruido, poca gente, poco movimiento, pocos vuelos… el reflejo de lo que ocurre en los hoteles de veraneo y calles de restaurantes que ahora cuelgan el cartel de “cerrado”. Un agosto atípico que nos tiene a todos en vilo.


La incertidumbre nos lleva acompañando desde marzo… ¡y qué lejano se siente ahora! Y sin darnos cuenta nos preguntamos constantemente, ¿volveremos a volar como lo hacíamos antes? ¿Seguiremos viajando por el mundo como estábamos acostumbrados? ¿Volverán a estar las fronteras abiertas para los viajeros ansiosos de conocer nuevos países? ¿Podremos reencontrarnos con nuestros seres queridos cómo y cuándo queramos?


Como cantaban Los Piratas en su tema “Años 80”, “no te echaré de menos en septiembre”.


Más post y reflexiones como esta en la web de Azafata Hipóxica.

Por Andrea Enríquez

Me llamo Andrea, nací en Santiago de Compostela en el último año capicúa de los 90. La primera vez que me subí a un avión fue como UM con 6 años, desde entonces no me he vuelto a bajar. Publicista desde 2013 y tripulante de cabina desde 2015.

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