El Jetfoil: El barco que volaba

Hola, Aerotrastornados!

Hoy os traemos un post diferente, con la colaboración de Juan, del blog náutico Vadebarcos.com donde os descubriremos que Boeing, no solo ha fabricado aviones durante su historia.

En un tiempo donde viajar entre islas significaba una travesía lenta y, a menudo, incómoda, apareció un barco que parecía sacado de una película de ciencia ficción.

Construido por la mítica compañía aeronáutica Boeing, el Jetfoil no solo navegaba: volaba.
Sus alas sumergidas lo elevaban sobre el mar, permitiéndole alcanzar velocidades vertiginosas. Este prodigio de la ingeniería se convirtió, durante más de una década, en el rey de las aguas interinsulares y en un icono de la modernidad en las Islas Canarias.

Una Maravilla de la Ingeniería de Boeing

El Jetfoil era mucho más que un simple barco rápido. Era un hidroala (o hydrofoil), un tipo de embarcación que utiliza «alas» debajo del casco para generar sustentación hidrodinámica, inventada a finales del siglo XIX en Italia por el ingeniero Enrico Forlanini.
A medida que ganaba velocidad, estas alas elevaban el casco del agua, reduciendo drásticamente la resistencia y permitiendo que el barco se deslizara a más de 40 nudos (unos 75 km/h).

Lo más fascinante de este barco es que fue concebido y fabricado por Boeing, una empresa más conocida por sus aviones que por sus buques. Esta inusual incursión en la ingeniería naval se explica por la visión de la compañía de aplicar principios aeronáuticos al transporte marítimo de alta velocidad. El resultado fue una nave que ofrecía una navegación extremadamente suave, ya que el casco no se veía afectado por las olas, proporcionando una sensación de vuelo a sus pasajeros.

La Época Dorada en Canarias: Las Princesas de Trasmediterránea

En las Islas Canarias, la llegada de los Jetfoils fue un hito.

Hace aproximadamente 45 años, la compañía Trasmediterránea introdujo estos barcos en sus rutas. Cada uno de ellos recibió el nombre de una princesa guanche, lo que rápidamente les ganó el cariño y el respeto de la población local.
Nombres como «Princesa Guayarmina,» «Princesa Dácil» o «Princesa Teguise» no solo se usaban para identificar los barcos, sino que se convirtieron en sinónimos de rapidez y eficiencia.

Su principal ruta unía las capitales de Gran Canaria y Tenerife, reduciendo un viaje que antes tomaba horas a poco más de una hora de trayecto. La comodidad y la rapidez del servicio lo hicieron enormemente popular, convirtiendo los viajes interinsulares en una experiencia totalmente diferente. Para muchos canarios, el Jetfoil era el transporte preferido para viajar por negocios o placer, y su llegada a puerto era un espectáculo digno de ver.

El Ocaso de una Leyenda

A pesar de su éxito, la historia del Jetfoil en Canarias llegó a su fin.

Con la llegada del nuevo milenio, los altos costos operativos y el consumo de combustible, sumado a la aparición de catamaranes más eficientes y la aparición de la competencia aérea a manos de Binter Canarias, sellaron su destino.
Lentamente, fueron retirados del servicio y vendidos a otras compañías en el extranjero, donde continuaron operando en diferentes rutas. La era del «barco que vuela» llegaba a su fin en el archipiélago.

El Legado Imborrable

Aunque ya no navegan por las aguas canarias, el legado del Jetfoil perdura. Representó un salto cualitativo en las comunicaciones interinsulares, demostrando que la distancia entre las islas no era una barrera insalvable. Para quienes tuvieron la oportunidad de viajar en ellos, el recuerdo de la experiencia de «volar sobre el mar» permanece intacto, y los nombres de las princesas guanches continúan flotando en la memoria colectiva, un homenaje a una época donde el futuro navegaba a toda velocidad.

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