Hola, Aerotrastornados!
Hace veinte años, antes incluso de que Madrid terminara de desperezarse, la T4 empezó a cumplir su función.
A las 5:30 del 5 de febrero de 2006, un vuelo de Iberia rumbo a Barcelona, inauguraba una terminal que no solo ampliaba Barajas: lo reinventaba.

Recuerdo que, en sus inicios, le llamaban «la terminal de Iberia» porqué toda la flota de la aerolínea Española se trasladó a la T4 y T4s. Luego eso ya dejó de ser así, pero si es verdad que a día de hoy, la Alianza OneWorld es la que más presencia tiene en esa terminal.
También, porqué aquí lo contamos todo, muy sonado fue el colapso en el sistema automatizado de equipajes, que los primeros días de funcionamiento causó importantes problemas con la entrega de maletas. Nada es perfecto y menos en los inicios…
Una necesidad que acabó siendo una declaración de principios
La T4 nació por necesidad, sí, pero acabó siendo una declaración de principios. Frente al crecimiento desordenado de décadas anteriores, propuso algo radical para su tiempo: espacio, luz y calma.
No era solo un edificio nuevo, era una nueva manera de entender el viaje aéreo desde Madrid y el papel del aeropuerto como gran puerta entre Europa y Latinoamérica.

Arquitectura que se explica sola
Firmada por Antonio Lamela y Richard Rogers, la T4 apostó por una arquitectura que aún hoy se explica sola.
- Lucernarios que inundan el espacio de luz natural
- Un techo ondulante que acompaña al pasajero
- Un degradado de colores que orienta sin imponer
Todo estaba pensado para el viajero, no para el folleto corporativo. La orientación se volvía intuitiva y el aeropuerto, por una vez, respirable.

Si os habéis fijado en la fotografía de portada, la T4-T4s consta de una paleta de colores a lo largo del edificio y tiene un porqué.
La zona roja es la que queda más al norte, «lado Alcobendas» le llaman algunos. La zona amarilla que es la central, es donde se encuentra la zona de embarque del Puente Aéreo así como el control de seguridad y la zona verde/azulada, es la que queda más al sur.
La pieza que ordenó el puzle
A su alrededor encajó todo lo demás: nuevas pistas, un campo de vuelo dimensionado para crecer, tren automático, sistemas de equipajes inéditos en España y, con el tiempo, metro, Cercanías e intermodalidad real.
La T4 no fue una terminal más: fue la pieza que dio sentido a todo el conjunto.
Los números llegaron después
Barajas superó los 50 millones de pasajeros apenas un año después de la apertura de la T4 y cerró 2025 con más de 68 millones, el mejor registro de su historia.
Pero lo verdaderamente importante no fue crecer, sino cómo se creció.
Una terminal pensada para durar
Reconocida internacionalmente como una de las grandes terminales de su época, la T4 representa hoy algo cada vez más escaso: una infraestructura pensada para durar, para envejecer con dignidad y para seguir siendo útil sin perder identidad.
Veinte años después, la T4 no es solo una terminal. Es el recuerdo de cuando se construían aeropuertos con ambición, con criterio y con respeto por el pasajero.

Y sigue ahí, como la puerta de Alcalá, luminosa, viendo pasar aviones… y generaciones de viajeros.