Hola, Aerotrastornados!
Hoy empezamos una serie de publicaciones, que nos escribirá Ivan, un amigo del blog. El es TCP retirado y vivió la época dorada de la aviación moderna, la de los 80 y 90, antes del gran cambio a lo que se ha convertido la aviación a día de hoy.
Ivan habla sin tapujos, así que lo que leáis a partir de ahora, no será nada de romántico o maquillado como lo que se lee hoy día en redes sociales.
Presentación
Ivan Torregrosa Pihlman.
Comencé mi carrera como tcp en 1988 y continuez en activo hasta 2025. He trabajado en 12 compañías aéreas y he volado 22 aviones tipo desde el B 747 hasta el ATR, pasando por el DC 8 y el Lh 1011. Fui sobrecargo, jefe de base, seleccionador, entrevistador de tcps e instructor tanto de compañía como escuela. He tenido una evacuación real por fuego a bordo, dos despresurizaciones explosivas y miles y miles de horas de vuelo. Hoy analizo la aviación y escribo sobre ella de modo objetivo observando su evolución.
Yo lo hago así
En muchas cabinas de pasajeros hay una frase que se repite más de lo que debería. Seguro que la has oído en tus primeros vuelos o incluso en el briefing: “yo lo hago así”.
Y ahí empieza el lío.
Porque cuando algunos sobrecargos deciden aplicar el manual de servicio a bordo “a su manera”, lo que debería ser un trabajo estandarizado se convierte en un festival de versiones. Cada vuelo con normas distintas. Cada sobrecargo con su propio estilo. Y los demás, intentando no perderse.
Para los TCP nuevos esto es especialmente desconcertante. Llegas con todo recién estudiado, con el manual claro y con ganas de hacerlo bien. Pero en pocos vuelos descubres que lo que ayer era correcto hoy “aquí se hace diferente”. Empiezan las dudas, las miradas entre compañeros y la sensación de que nunca sabes del todo cuál es la forma correcta de hacer las cosas.
Los tripulantes con más experiencia tampoco salen ganando. Tienen sus rutinas bien interiorizadas, saben cómo funciona el servicio y por qué se hace de determinada manera. Aun así, en cada rotación aparece alguien que decide cambiarlo todo porque prefiere hacerlo distinto. Adaptarse constantemente termina siendo incómodo y, sobre todo, innecesario.
El resultado es que la estandarización del servicio se diluye. Cada vuelo funciona de una manera.
La coherencia de compañía se resiente y la tripulación pierde esa sensación de equipo que aparece cuando todos trabajan bajo el mismo marco.
El manual de servicio a bordo está para algo. No es orientativo ni decorativo. Sirve para que cualquier tripulación, aunque no se conozca de nada, funcione como un engranaje desde el primer minuto. Cuando se respeta, todo fluye. Cuando se sustituye por el “yo lo hago así”, empieza el ruido.
Un buen sobrecargo marca el ritmo, organiza y da seguridad. Y eso se consigue mucho mejor cuando se lidera desde procedimientos comunes que cuando se intenta reinventar el servicio en cada vuelo.
Porque al final, en cabina, lo que más agradece todo el mundo —sobre todo cuando estás empezando— es la claridad.
Y pocas cosas la rompen más que un manual que cambia según quién esté al frente ese día.