Hola Aerotrastornados!
Hay historias de aviación que parecen sacadas de una película y después está Larry Walters. Os juro que lo que vais a leer a continuación es totalmente verídico.
El 2 de julio de 1982, este camionero estadounidense de 33 años decidió hacer realidad uno de esos sueños que probablemente todos hemos tenido alguna vez: volar. El pequeño detalle es que Walters no tenía licencia de piloto, ni avión, ni helicóptero.

Tenía una silla de jardín, 42 globos meteorológicos llenos de helio y una idea que, sobre el papel, parecía bastante más sencilla de lo que acabaría siendo.
Lo que ocurrió después forma ya parte de la historia de la aviación.
La aeronave más peculiar de la historia
Walters bautizó su invento como “Inspiration I”.
El concepto era sencillo: ató decenas de grandes globos meteorológicos llenos de helio a una silla de aluminio de jardín. En la silla colocó agua como lastre, una radio CB, algunos suministros y un paracaídas.
Su plan inicial era bastante modesto.
Quería elevarse unos 30 pies, aproximadamente 9 metros, permanecer allí un rato y después regresar tranquilamente al suelo, pero había un pequeño problema. Había calculado mal la cantidad de helio necesaria, y cuando soltó las amarras que mantenían la silla en tierra, descubrió que aquello tenía bastante más sustentación de la prevista.
Muchísima más.
De 9 metros a casi 5 kilómetros de altura
La silla comenzó a subir y siguió subiendo y siguió subiendo….
En lugar de quedarse a unos pocos metros del suelo, Larry Walters terminó ascendiendo hasta aproximadamente 16.000 pies, unos 4.880 metros de altitud.
Para ponerlo en perspectiva, estamos hablando de una altura considerablemente superior a la que alcanza un avión comercial durante buena parte de sus fases iniciales de vuelo, y Walters estaba allí sentado, en una silla de jardín, atada a globos, y, probablemente, empezando a preguntarse si aquello había sido una idea tan buena como parecía cinco minutos antes.
El problema no era subir. Era bajar
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la historia desde el punto de vista aeronáutico. Mientras los globos estuvieran proporcionando suficiente sustentación, la silla seguiría ascendiendo.
Walters había llevado consigo unas garrafas de agua que utilizaba como lastre. Al desprenderse de peso, aumentaba la tendencia a ascender; al conservar o gestionar el lastre, podía intentar controlar la trayectoria.
Pero una vez que estaba a miles de metros de altura, tenía otro problema:
¿Y cómo demonios bajaba?
Su solución fue disparar contra los globos con una pistola de perdigones.
La idea era relativamente lógica: si conseguía romper algunos globos, reduciría la sustentación y comenzaría el descenso. El problema fue que la operación no salió exactamente como estaba prevista. Walters comenzó a disparar, y consiguió destruir algunos globos. Pero en algún momento perdió también la pistola, torpe el señor Walters…
Así que la situación pasó de ser una operación aeronáutica completamente improvisada a convertirse directamente en una cuestión de supervivencia.
Y entonces entró en el espacio aéreo de Los Ángeles
Aquí es donde la historia deja de ser simplemente una extravagancia y adquiere una dimensión mucho más seria. Walters había terminado dentro del espacio aéreo controlado del área de Los Ángeles. Los controladores aéreos recibieron avisos de pilotos que habían visto algo extraordinariamente extraño en el cielo: un hombre sentado en una silla flotando a miles de metros de altura.
- No era un avión.
- No era un helicóptero.
- No era un globo convencional.
- Era, literalmente, un hombre en una silla.
Desde el punto de vista de la seguridad aérea, aquello era un problema enorme.
Un objeto de esas características podía suponer un peligro para las aeronaves que operaban en la zona, especialmente porque no tenía capacidad real para comunicarse con el control de tráfico aéreo ni para mantener una trayectoria determinada. Y hay que recordar que estamos hablando de 1982, mucho antes de los drones modernos y de los sistemas actuales de gestión del espacio aéreo.
Finalmente consiguió volver a tierra
Después de aproximadamente 45 minutos en el aire, Walters comenzó finalmente a descender. Pero tampoco tuvo un aterrizaje precisamente digno de un avión comercial. La silla terminó enganchándose en unas líneas eléctricas de Long Beach. Walters quedó suspendido en ellas y la silla quedó inutilizada. Aunasí, milagrosamente, él sobrevivió.
De hecho, salió del incidente prácticamente ileso.
Eso sí: las autoridades no consideraron que aquello hubiera sido precisamente un ejemplo de buenas prácticas aeronáuticas.
La FAA llamó a su puerta
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, la FAA, investigó el incidente. Walters fue acusado de varias infracciones relacionadas con la operación y con la entrada en espacio aéreo controlado. La sanción inicialmente ascendió a 4.000 dólares, aunque posteriormente fue reducida a aproximadamente 1.500 dólares.
Probablemente fue una de las multas más justificadas de la historia de la aviación. Porque una cosa es querer volar y otra muy distinta es aparecer a casi 5.000 metros de altura en una silla de jardín en mitad del tráfico aéreo de Los Ángeles.
Una silla que acabó en un museo
Pero la historia de Larry Walters no terminó aquel día.
La silla utilizada en el vuelo acabó formando parte de las colecciones del National Air and Space Museum del Smithsonian, en Washington D.C.
Sí, esa misma silla, hoy forma parte de la historia aeronáutica estadounidense, y el Smithsonian conserva también elementos del montaje original.

https://airandspace.si.edu/collection-objects/chair-lawn-larry-walters/nasm_A20181388000
Pero… ¿realmente estaba volando?
Aquí está la parte interesante.
Aunque coloquialmente hablamos de “volar”, técnicamente lo que hizo Walters fue ascender mediante flotabilidad, no mediante sustentación aerodinámica como un avión. Un avión se mantiene en el aire gracias a la sustentación generada por sus alas al desplazarse por el aire. Walters utilizaba otro principio físico.
Los globos llenos de helio desplazaban aire y generaban una fuerza ascensional superior al peso total del conjunto.
En términos muy simplificados:
Si el empuje hacia arriba es mayor que el peso, subes.
Si ambos se equilibran, te mantienes aproximadamente a una determinada altitud, y si el peso pasa a ser superior, bajas. El problema de Walters fue que tenía muchísima más sustentación de la que había previsto. Por eso su pequeño paseo a nueve metros terminó convirtiéndose en un ascenso hasta casi 5 kilómetros.
El hombre que quería volar
Después de aquella aventura, Walters se convirtió en una pequeña celebridad.
Fue entrevistado por medios estadounidenses e incluso recibió el Darwin Award en 1998, aunque este reconocimiento se concedió de manera póstuma y en circunstancias que han contribuido a cierta confusión sobre la historia.
Larry Walters murió en 1993, a los 44 años. Pero su hazaña permanece como una de las historias más extravagantes de la aviación.
Porque en un mundo lleno de Airbus, Boeing, pilotos de pruebas, ingenieros aeronáuticos y sofisticados sistemas de navegación, resulta difícil imaginar una aeronave más sencilla.
- Cuatro tubos de aluminio.
- Una silla de jardín.
- Un montón de globos.
- Y un hombre dispuesto a descubrir hasta dónde podía llegar.

Resultó que eran casi 5.000 metros.
Y, sobre todo, demostró una cosa que cualquier piloto aprende muy pronto:
Lo complicado de volar no siempre es despegar. A veces, el verdadero problema es conseguir volver a bajar.
Fuentes
- Smithsonian National Air and Space Museum
- Federal Aviation Administration
- United Press International