Hola, Aerotrastornados!
Emirates ha desembolsado 85 millones de dirhams para dotar la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Dubái con más de 200 ojos electrónicos, cámaras biométricas que prometen un viaje rápido, silencioso… y cada vez más deshumanizado. Allí donde antes un empleado levantaba la mirada y ofrecía una palabra amable, ahora una lente fría decide quién eres, cómo pasas y a qué velocidad desapareces entre las puertas automáticas.

Con esta nueva apuesta tecnológica, creada junto a la Dirección General de Identidad y Asuntos Exteriores de Dubái, el pasaporte y la tarjeta de embarque quedan relegados al cajón de los recuerdos. Basta con ofrecer el rostro, ese nuevo documento universal que ya se lee a un metro de distancia. El sistema reconoce, verifica y deja pasar, como si el viajero fuera una pieza más del engranaje que el aeropuerto quiere mantener en perpetuo movimiento.
Turistas o residentes, cualquiera que vuele con Emirates puede entregar su identidad a esta maquinaria pulida: un registro rápido en la aplicación, o en los kioscos de autoservicio, y las puertas se abrirán sin necesidad de intercambiar ni una palabra con un ser humano. Un único consentimiento para dejar de hacer cola… y quizá también para dejar de ver a las personas que antes daban vida a esos controles.
Adel al Redha, vicepresidente y director de operaciones de Emirates, celebra este avance como un paso hacia una experiencia “suave, eficiente y precisa”. Desde 2017 —dice— trabajan para perfeccionar esta senda biométrica.
Y sin duda es cierto: el viaje se acelera, el proceso se pule, la tecnología brilla.
Pero mientras las máquinas ganan terreno, la terminal se vuelve un poco más silenciosa. Un aeropuerto más rápido, sí… aunque cada vez menos humano.
