Hola, Aerotrastornados!
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha desvelado los resultados de su Encuesta Global de Pasajeros (GPS) 2025, y el panorama que se abre ante nosotros parece sacado de un futuro que ya está llamando a la puerta. Dos grandes corrientes marcan el pulso del viajero moderno: la vida rendida al teléfono móvil… y la silenciosa expansión de la biometría, esa nueva llave que abre puertas sin que nadie pregunte nada.

El móvil como brújula del viajero
Hoy, el pasajero recorre su viaje entero con un gesto del pulgar. Reservas, pagos, fidelización, facturación, inmigración, embarque, equipaje… todo se integra en el teléfono inteligente, convertido ya en compañero imprescindible de ruta.
La cifra lo deja claro: más de la mitad de los viajeros (54%) prefiere gestionar sus reservas directamente con las aerolíneas, y, cada vez más, lo hace a través de sus apps. Las páginas web —todavía líderes con un 31%— se van viendo desplazadas por la inmediatez móvil. Son los jóvenes quienes empujan con más fuerza esta tendencia, marcando el camino de lo que será la norma en pocos años.
Lo mismo ocurre con el dinero. Las tarjetas siguen dominando (72%), pero van perdiendo terreno frente a billeteras digitales, que suben con fuerza (28%), y métodos instantáneos como IATA Pay, que no dejan de ganar adeptos.
Y el viajero pide más: un teléfono que lo contenga todo. Un 78% quiere integrarlo absolutamente todo en un solo dispositivo: billetera, pasaporte digital, fidelización y gestión del viaje. Incluso las etiquetas electrónicas de equipaje crecen veloces, pasando del 28% al 35% en apenas un año.
El avance silencioso de la biometría
Pero es en los pasillos del aeropuerto donde el cambio se vuelve más profundo.
La biometría, esa identificación que no necesita palabras ni documentos, solo un rostro, una huella o una mirada, se extiende con rapidez.
La mitad de los pasajeros ya ha sido parte de este nuevo ritual (50%, frente al 46% del año anterior), especialmente en seguridad (44%), inmigración de salida (41%) y entrada (35%). Desde 2022, el salto ha sido de casi veinte puntos.
Y lo sorprendente es que la experiencia gusta: un 85% de quienes han pasado por procesos biométricos se declara satisfecho. Tres de cada cuatro viajeros (74%) incluso compartirían sus datos biométricos si eso se traduce en cruzar el aeropuerto sin mostrar pasaporte ni tarjeta de embarque.
Aun así, no todo es brillo: la privacidad sigue siendo una sombra persistente. Aunque también aquí hay esperanza… El 42% de quienes hoy desconfían, cambiarían de opinión si se les garantizara protección total de sus datos.
Nick Careen, vicepresidente sénior de Operaciones, Seguridad y Protección de IATA, lo resume con la serenidad de quien observa hacia un horizonte inevitable:
“Los pasajeros desean gestionar sus viajes como gestionan su vida: desde sus teléfonos y con identificación digital. Quieren más procesos fluidos, más simplicidad, más continuidad. Pero para llegar a una experiencia verdaderamente digital, los gobiernos deberán dar un paso adelante y emitir pasaportes digitales reconocidos de forma segura a través de las fronteras.”
Porque, cuando ese día llegue y está cada vez más cerca, aerolíneas, gobiernos y viajeros compartirán un cielo más ágil y seguro. Un cielo donde la tecnología guía el camino… aunque algunos, inevitablemente, recordemos con cierta nostalgia aquel aeropuerto en el que aún se escuchaba la voz amable de un agente diciendo: “Buen viaje”.
