Hola, Aerotrastornados!!!

Como cada miércoles, hoy publicamos otro relato espantoso de Pedro Carvalho con un sentido homenaje, esperamos que os guste tanto como a nosotros.

La de hoy es una historia de héroes, pero estos no son los habituales en un accidente aéreo. Si bien los pilotos hicieron un gran trabajo, quiero que el relato de hoy sea un homenaje a la gran protagonista de esta historia:  Jane Harrison, una auxiliar de vuelo.

Nuestra historia de hoy comienza a primera hora de la tarde del 8 de abril de 1968. Son en torno a las 16 horas en el Aeropuerto de Londres-Heathrow y el vuelo 712 de BOAC ya se prepara para partir rumbo a Zúrich, Suiza. Tras una primera escala en dicho aeropuerto y una segunda en el Aeropuerto Internacional de Singapur, partirá rumbo a su destino final, el Aeropuerto Internacional de Sidney, en Australia.

Acrónimo de British Overseas Airways Corporation, BOAC fue la única compañía aérea estatal del Reino Unido entre 1939 y 1946. En 1974 se fusionó con British European Airway dando lugar a la actual British Airways.

La aeronave involucrada es un Boeing 707-465, un tetramotor de fuselaje estrecho y medio y largo alcance desarrollado por Boeing a principios de los años 50. Se trata, junto al De Havilland Comet y al Caravelle, de uno de las primeros aviones a reacción de la historia. Con capacidad para hasta 179 pasajeros, el Boeing 707 cuenta con cuatro motores turborreactor Pratt & Whitney JT3D-1 como planta motriz.

Al mando de la aeronave se encuentra el capitán Charles Wilson Ratcliffe Taylor, de 47 años y casi 15.000 horas de vuelo, 1.555 de ellas en Boeing 707. Le acompaña el primer oficial y copiloto John Chester Hutchinson, de 30 años y una experiencia de vuelo de 4.120 horas, 680 de ellas en este tipo de avión.

Como es habitual en estos años previos a la informatización de las cabinas, completa la tripulación técnica un ingeniero o mecánico de vuelo, Thomas Charles Hicks, de 35 años y 6.436 horas de vuelo de experiencia, 191 de ellas en 707.

Además, en cabina hay un cuarto ocupante. Se trata del capitán Geoffrey Mose, de 50 años y 12.957 horas de vuelo, 3.185 de ellas en Boeing 707. Él se encargará de supervisar al primer oficial que está aún en formación.

Completan la tripulación 7 auxiliares de vuelo. 

En la aeronave viajan 116 pasajeros, por lo que el número total de personas a bordo asciende a 127. 

Son ya casi las 4 y media de la tarde y el Vuelo 712, también apodado Speedbird 712 o Whisky Echo, ya se encuentra en la cabecera de la pista 28L (actual 27L). 

Tras recibir la oportuna autorización, los pilotos meten potencia y comienzan el despegue. El capitán Taylor va a los controles, mientras el copiloto Hutchinson será el encargado de monitorizar el vuelo.

⏰ 16:27 horas

  • Copiloto: 80 nudos… V1… Rotate

(Taylor comienza a elevar el morro del avión)

Pero, apenas 20 segundos después, se oye un enorme estruendo. El motor número 2 comienza a perder potencia y el avión comienza a vibrar con fuerza. Comienzan a sonar varias alarmas en cabina.

El capitán supervisor Moss mira a través de la ventana a ver qué ocurre con el motor número 2. Lo que ve le helará el alma.

  • Capitán Moss: ¡Mierda! ¡El ala está en llamas! 

El ingeniero de vuelo Hicks busca la palanca de cierre del flujo de combustible, pero los nervios le causan una mala pasada. Él cree haberla cerrado, lo que acabará deteniendo el incendio, pero no lo hace. El combustible sigue fluyendo y el motor continúa consumiéndose.

  • Capitán Taylor: Mayday, Mayday, Mayday. Vuelo 712 declarando emergencia, tenemos un motor en llamas.

⏰ 16:29 horas.

Desde la torre de Heathrow, John Davis, controlador asignado al vuelo 712, contempla la escena horrorizado. En un principio cree que ese brillo en el ala izquierda del 707 es el brillo del sol, pero pronto se dará cuenta de la realidad.

Los pilotos tratan de girar para volver al aeropuerto y aterrizar de nuevo en la pista 28L. La situación parece relativamente bajo control. Tres motores son suficiente para generar empuje en un Boeing 707 y los sistemas hidráulicos no parecen dañados, pero han de aterrizar pronto, cuanto antes. Ellos no lo saben, pero el combustible continúa fluyendo y alimentando las llamas que comienzan a consumir el ala izquierda. Además, se están acercando peligrosamente a las ventanas de la cabina de pasajeros y empezando a derretirlas.

De momento, la aeronave responde a las órdenes de los pilotos, pero nadie a bordo puede siquiera imaginar que la situación va a agravarse notablemente. Algo espantoso está a punto de ocurrir.

Cuando el vuelo 712 se encuentra a una altitud de 3.000 pies (unos mil metros) y realizando el giro para volver a Heathrow, los pivotes que sujetan el motor de dos toneladas al ala ceden. El motor se desprende del aparato. 

Ahora el combustible empieza a fluir a chorros. El incendio se hace más y más fuerte por momentos. Además, el avión comienza a perder líquido hidráulico.

  • Capitán: Tren abajo
  • Copiloto: Tren abajo
  • Capitán: Flaps full, por favor…
  • Copiloto: Flaps… Capitán, los flaps no se despliegan completamente

⏰ 15:30 horas

El aparato empieza a no responder a los controles. El capitán Tylor se da cuenta de que no va a llegar a la pista 28L por lo que pone rumbo a la 05R a pesar de ser ésta significativamente más corta: unos 2.300 metros.

Los pilotos no son capaces de estabilizar la aproximación. Ya tienen a la vista la pista 05R. Van demasiado altos y rápidos, pero frustrar la maniobra está fuera de cuestión.

Además, hay otro problema. La pista 05R no cuenta con ILS por lo que tendrán que aterrizar de forma visual. Además, los pilotos no están seguros de que puedan conseguir frenar el avión en estas condiciones en una pista de 2.300 m.

El incendio es cada vez más grave. Si consume más el ala, el avión no podrá mantenerse en el aire. Sólo tienen esta oportunidad para tomar tierra. El capitán empuja hacia abajo con decisión el yoke para tratar de aterrizar el avión.

⏰ 15:31 horas

Finalmente lo consiguen. El Boeing 707 aterriza en la pista 05R, pero lo hacen muy adelante, a casi 500 metros de su umbral. Los pilotos tratan desesperadamente de frenar la maltrecha aeronave.

Taylor consume prácticamente la totalidad de la pista 05R, pero consigue detener la aeronave dentro de ella. Casi al límite. Pero justo cuando el aparato ya se ha detenido… ¡una enorme explosión tiene lugar en el ala izquierda!

El fuego ha prendido los conductos de combustible y los tanques de oxígeno del ala. Esto aumenta la intensidad del incendio. El ala izquierda del Boeing es ya una bola de fuego que empieza a extenderse a la cabina de pasajeros. 

Afortunadamente, los tripulantes de cabina no han perdido el tiempo. Antes incluso de que el avión se detuviera, ellos ya han comenzado la evacuación.

Los pasajeros empiezan a escapar por la puertas y salidas de emergencia, la mayoría de ellos por la delantera derecha, pero… no todos lo están consiguiendo. Hay cuatro, entre ellos una mujer discapacitada y una niña de ocho años, que están atrapados en la parte trasera del avión.

La azafata Jane Harrison, de 22 años, es el último miembro de la tripulación a bordo. Ha ayudado a varios pasajeros a salir y ahora es su turno. Está a punto de saltar y abandonar aquel infierno, pero cuando se da cuenta de la situación no se lo piensa… Jane vuelve a entrar en el aparato. Quiere intentar salvar a los pasajeros atrapados.

Pero aquello es ya un mar de fuego del que es imposible salir. Desafortunadamente, Jane no consigue su objetivo y queda atrapada junto a esos cuatro pasajeros. Las suyas serán las únicas cinco muertes del vuelo 712.

Según testigos, durante la evacuación, Jane continuó forzando a los pasajeros a ponerse a salvo empujándolos hacia la puerta, incluso cuando “las llamas y el humo estaban lamiendo su cara”.

Podían haber muerto todos.  Sólo la increíble y heroica labor de los TCP que lograron realizar en un tiempo récord una evacuación que parecía imposible, logró salvar 122 vidas.

¿Qué ocurrió?

La investigación llevada a cabo por la AAIB, organismo que se encarga de investigar los accidentes aéreos ocurridos en el Reino Unido, reveló que la causa principal de esta catástrofe fue la fatiga de metal en el compresor del motor número 2 que, junto a otras pequeñas fallas, acabó provocando un incendio.

En concreto, el fabricante del motor determinó que, poco después del despegue, “la rueda del compresor de baja presión falló por fatiga de metal”. Al reventar, los fragmentos salieron despedidos “cortando el tubo principal de combustible inflamando el mismo que estaba siendo bombeado a 227 l/m”. 

Los dos extintores del motor quedaron inutilizados por los graves daños sufridos y las altas temperaturas alcanzadas provocaron que el pilón del motor cediera, haciendo que éste cayera, sin embargo, la bomba de refuerzo de combustible siguió funcionando intensificando el fuego hasta que se extendió al ala misma, barriendo desde delante todo el borde de ataque hacia la cola. 

La aplicación del empuje inverso en el aterrizaje y el viento cruzado del oeste en la pista hicieron que las llamas se extendieran por debajo del ala y se extendieran el fuselaje. 

El fuego, que se intensificó rápidamente, se extendió por debajo del avión y prendió el resto de conductos de combustible y los tanques de oxígeno, lo que, a los pocos segundos de detenerse el avión, provocó una serie de explosiones que atravesaron el fuselaje e incendiaron la cabina.

Pero la investigación también concluye que la tripulación no fue capaz de enfrentarse correctamente a la emergencia. Sin el ingeniero de vuelo hubiera efectivamente cerrado el flujo de combustible, el incendio no se hubiera extendido.

El informe reflejó, asimismo, graves deficiencias en el equipo de bomberos y la forma en cómo se desplegó, lo que hizo que su eficiencia “se redujera significativamente”.

Por su parte, el motor número 2 cayó sobre una explanada en la localidad de Thorpe, justo al lado de donde jugaba un grupo de niños. Es un auténtico milagro que ninguno de ellos resultara herido.

Y a partir de entonces…

Las catástrofes aéreas no suceden en vano. Son muchas las lecciones que la industria aeronáutica ha aprendido de cada una de ellas y que han contribuido progresivamente a hacer a la aviación más segura.

Tras la catástrofe del Vuelo 712, BOAC mejoró las checklists en caso de incendio de motor, combinando las listas de comprobación Engine Fire Drill y Engine Severe Failure Drill en una sola lista, llamada Engine Fire or Severe Failure Drill

También se introdujeron modificaciones a esta checklist, incluyendo la adición a la misma de establecer confirmación de que, efectivamente, se habían accionado los sistemas antiincendio y se había detenido el flujo de combustible.

La auxiliar de vuelo Barbara Jane Harrison fue galardona a título póstumo con la George Cross (Medalla de Jorge), uno de los mayores galardones que se puede obtener en Gran Bretaña. También lo fue John Davis, el controlador aéreo que ayudó al vuelo 712 a aterrizar de una pieza.

El capitán Taylor también fue galardonado con la Medalla de Oro de la Asociación Británica de Pilotos de Aerolíneas. Sin su pericia a la hora de aterrizar visualmente un avión en esas condiciones, nadie a bordo hubiera sobrevivido.

La escritora británica Susan Ottaway recreó en 2008 esta tragedia en su libro Fire over

Heathrow: The tragedy of flight 712 (https://amzn.to/3tXAYY3)


Referencias y fuentes:

Informe oficial del accidente elaborado por la AAIB británica (en PDF)

https://era.ed.ac.uk/bitstream/handle/1842/5259/A3.C.A.P.%20324%20Civil%20aircraft%20accident%20Report%20on%20the%20Accident%20to%20Boeing%20707465%20GArwe%20at%20Heathrow%20Airport,%20London%20on%208th%20April%201968.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Ficha del accidente en Aviation Safety Network: https://aviation-safety.net/database/record.php?id=19680408-0&lang=es

Entrada del accidente en Wikipedia: https://en.m.wikipedia.org/wiki/BOAC_Flight_712

Artículo en SurreyLive (13/04/2018): https://www.getsurrey.co.uk/news/surrey-news/tale-boac-flight-712-heroic-14464386

Escrito por

Pedro Carvalho

Pedro Carvalho estudió Derecho y Ciencias Económicas, pero ha dedicado casi toda su trayectoria profesional al mundo de la comunicación. Es autor de “¡Preparados para el impacto!” (La esfera de los libros, 2022) y de “Algo espantoso está a punto de ocurrir” (LGE Libros, 2021), dos obras donde, a lo largo de más de 500 páginas, analiza medio de centenar de accidentes e incidentes aéreos ocurridos en los últimos 50 años y cómo lo que la industria ha aprendido de ellos ha contribuido a hacer la aviación comercial cada día más segura.
 Desde febrero de 2021 lleva la cuenta de Twitter @PatoAviador que, con más de 70.000 seguidores, se ha convertido en sólo unos meses en uno de los perfiles de referencia sobre aviación en español. Allí analiza cada semana un accidente aéreo y realizo una labor de divulgación sobre temas aeronáuticos, de seguridad aérea y de aviación civil.
 Puedes conocerle un poco mejor y leer sus artículos e hilos anteriores en su página web pedrocarvalho.es