Hola, Aerotrastornados!!

Una vez pasadas navidades y vacaciones, volvemos de nuevo con los artículos de nuestro amigo Pedro Carvalho, que hoy, en vez de traernos accidentes aéreos nos habla de un elemento clave en la investigación de los accidentes aéreos, las cajas negras.

Hace pocos días hemos podido asistir a una tragedia aérea en Nepal. Por razones que en el momento de escribir estas líneas aún se desconocen, una aeronave comercial ATR-72 de la aerolínea nepalí Yeti Airlines, con 70 personas a bordo, se estrellaba durante la maniobra de aproximación matando a todos sus ocupantes.

Los ATR son magníficas y modernas aeronaves bimotor turbohélice con prestaciones excepcionales en cuanto a maniobrabilidad y sustentación. Por sus características, son ideales para viajes regionales o de distancias cortas, por lo que se usan en todo el mundo. En España, aerolíneas como Iberia Regional o Binter cuentan en su flota con este magnífico avión, una aeronave capaz de volar a unos 500 km/h de velocidad máxima, fabricada por una empresa conjunta de Airbus y Leonardo de Italia. Su número
“72” responde a la cifra de asientos estándar de la aeronave que permite transportar a 72 personas, aunque puede aumentar hasta los 78 ocupantes con una configuración especial.

Los accidentes aéreos son eventos muy poco frecuentes, pero cuando ocurren, es crucial determinar las causas para poder tomar medidas para evitar que se vuelvan a producir en el futuro. Por esta razón, cada vez que ocurre un accidente aéreo, se lleva a cabo una exhaustiva investigación para determinar las causas y tomar medidas para evitar que vuelva a suceder en el futuro. Una herramienta clave para esta investigación son las llamadas “cajas negras”, dispositivos que registran información valiosa sobre los vuelos y los incidentes.

Es importante destacar que hablar de accidentes aéreos no es algo que se haga por morbo o con la intención de transmitir miedo. Todo lo contrario, se hace con el objetivo de aprender de los errores y mejorar la seguridad en el transporte aéreo.

Gracias a estas investigaciones y a las medidas implementadas, la aviación ha mejorado significativamente en cuanto a seguridad en las últimas décadas. Volar se ha convertido en algo cada vez más seguro, y aunque nunca podrá ser una actividad completamente libre de riesgos (ninguna actividad humana lo es), los incidentes graves como el de Nepal son cada vez más escasos. Tanto es así que, en el caso de España, no se ha perdido ninguna vida en un accidente de aviación comercial en los últimos 14 años.

Por eso es importante confiar en los protocolos y procedimientos de seguridad implementados por las compañías aéreas y las autoridades reguladoras, y recordar que la aviación es una de las formas de transporte más seguras que existen. En el caso de Nepal, los investigadores ya han localizados las “cajas negras” y, en breve, se pondrán a trabajar en ellas.

Las “cajas negras”

Pero, ¿qué son las “cajas negras”? Se trata de un nombre que puede resultar engañoso, pues estos dispositivos ni son realmente “cajas”, ni son de color negro, sino de un color anaranjado brillante para facilitar su localización en caso de siniestro.

Existen varias teorías sobre el origen del nombre de las “cajas negras”. Hay quien cree que se debe a que los primeros prototipos utilizados por la Real Fuerza Aérea Británica (RAF) eran de color negro. Otros sostienen que el término proviene de la teoría de sistemas, donde una caja negra es un dispositivo que recibe entradas y produce respuestas. Por último, algunos piensan que no es más que una metáfora por su luctuoso significado, pues, normalmente, si utilizamos las “cajas negras” es que algo espantoso ha ocurrido. Sea como fuere, hoy en día, las “cajas negras” se caracterizan por su color naranja brillante, son tremendamente resistentes a altas temperaturas y corrosión y están etiquetadas con la leyenda “FLIGHT RECORDER – DO NOT OPEN” en letra de al menos 2,5 cm de tamaño.

Las “cajas negras” (cuyo nombre técnico es “Registrador de Datos de Vuelo”) están diseñadas para sobrevivir impactos y condiciones extremas. Para ello, se fabrican con materiales altamente resistentes. Su interior está compuesto por una aleación de titanio y acero, lo que proporciona una excelente proporción de dureza y densidad, así como una gran resistencia a la fatiga y a la corrosión. Por su parte, el exterior está recubierto con una capa gruesa de acero blindado, lo que las hace muy resistentes a la deformación
en caso de impacto. Entre el interior y el exterior, se encuentra una capa de aislamiento térmico, esencial para proteger los microcircuitos de memoria en caso de incendio.

No son una, sino dos: FDR y CVR

Y es que, aunque es común oír hablar en informaciones periodísticas de “la caja negra” del avión, la realidad es que las aeronaves comerciales no cuentan con una sola, sino con dos “cajas negras”, con capacidades y funciones totalmente diferentes: el Registrador de Datos de Vuelo o FDR por sus siglas en inglés (Flight Data Recorder) y el Registrador de Voz de Cabina o CVR (Cockpit Voice Recorder).

El FDR registra una enorme cantidad de información, tal como la velocidad, la altitud y las señales de los mandos de los pilotos de las últimas 25 horas, así como multitud de parámetros técnicos de vuelo. Gracias al FDR, los investigadores son capaces de reconstruir la posición exacta del avión en todo momento, incluyendo los momentos en que las cosas empezaron a ir mal. Por su parte, el CVR registra las conversaciones de cabina. Ambos registradores se ponen en funcionamiento automáticamente cuando se
arrancan los motores.

La tecnología de las “cajas negras” ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. Si hace años toda la información se grababa en sistemas de cinta similar a las magnetofónicas, hoy en día, estos dispositivos utilizan discos duros sólidos de gran resistencia y memorias no volátiles para almacenar grandes cantidades de datos. Tienen, además, sistemas de transmisión inalámbricos para enviar los datos en caso de incidente sin necesidad de ser extraídas.

¿Cómo funcionan?

En el caso del FDR, sus sistemas envían una señal digital con la información a un ordenador llamada DFDAU (Digital Flight Data Acquisition Unit). Este sistema informático, será el encargado de captar toda esa información de los sensores y enviarlo de vuelta al FDR que se encargará de almacenar los datos. Cuando supera las 25 horas grabadas, empieza a borrar las horas antiguas y se guarda siempre las 25 horas más recientes. De esta forma, optimizamos el espacio suprimiendo información que ya no es
relevante.

Por su parte, el CVR, como hemos indicado anteriormente, graba las conversaciones de cabina y las comunicaciones de los últimos 120 minutos a través de varios micrófonos, uno ubicado junto al comandante, otro junto al primer oficial, un tercero destinado a un posible observador y un cuarto de área. Este último está integrado en el panel de cabina y actúa como un micro de ambiente. El CVR empieza a grabar en el momento en que los motores se ponen en marcha y no se detiene hasta 5 minutos después de haberlos parado.

¿Dónde están?

Es algo que depende del modelo de avión, pero en el Boeing 737 están ubicadas en la parte trasera de la aeronave. En el caso del CVR, en la bodega trasera del avión, casi en la sección de cola y, en lo que respecta al FDR, en el interior del techo entre los aseos de atrás.

¿Cómo se localizan en caso de accidente?

En caso de un accidente aéreo, la recuperación y el análisis de las “cajas negras” son fundamentales para determinar la causa del mismo.

Los investigadores de accidentes aéreos de todo el mundo trabajan en equipo para recuperar las “cajas negras” y analizar los datos en busca de pistas sobre lo que ocurrió.

En el caso de que los restos del avión queden sumergidos en el mar, para localizarlas disponen del sistema ULS (Underwater Locator System). Este sistema está equipado con una batería que se activa en contacto con el agua y emite una señal de radiobaliza durante unos 30 días. Se trata, básicamente, de un pulso ultrasónico detectable por sónar.

Gracias a las “cajas negras” se han identificado problemas en el diseño de los aviones, problemas de seguridad en las operaciones de vuelo, y problemas en la infraestructura de los aeropuertos. Sin embargo, a medida que la tecnología avanza, también surgen nuevos desafíos. Uno de ellos es la creciente cantidad de datos que generan las “cajas negras”, lo que requiere un procesamiento y almacenamiento de gran capacidad. Otro desafío es el de garantizar la compatibilidad de las “cajas negras” con las nuevas tecnologías de los aviones, como los sistemas de aviónica y automatización.

Además, la industria aeronáutica está considerando el uso de nuevas tecnologías para mejorar la seguridad en los vuelos, como sensores de estado de los componentes de los aviones y sistemas de detección de fallas, los cuales deben ser compatibles con las “cajas negras” existentes, por lo que es esencial seguir investigando y desarrollando todos estos sistemas para garantizar que siempre estén a la vanguardia en la seguridad aérea.

Escrito por

Pedro Carvalho

Pedro Carvalho estudió Derecho y Ciencias Económicas, pero ha dedicado casi toda su trayectoria profesional al mundo de la comunicación. Es autor de “¡Preparados para el impacto!” (La esfera de los libros, 2022) y de “Algo espantoso está a punto de ocurrir” (LGE Libros, 2021), dos obras donde, a lo largo de más de 500 páginas, analiza medio de centenar de accidentes e incidentes aéreos ocurridos en los últimos 50 años y cómo lo que la industria ha aprendido de ellos ha contribuido a hacer la aviación comercial cada día más segura.
 Desde febrero de 2021 lleva la cuenta de Twitter @PatoAviador que, con más de 70.000 seguidores, se ha convertido en sólo unos meses en uno de los perfiles de referencia sobre aviación en español. Allí analiza cada semana un accidente aéreo y realizo una labor de divulgación sobre temas aeronáuticos, de seguridad aérea y de aviación civil.
 Puedes conocerle un poco mejor y leer sus artículos e hilos anteriores en su página web pedrocarvalho.es